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Discipleship Reading
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El Ciclo de la Jornada en el Desierto

(02-21-2010)

 


Nuestro Evangelio de Lucas refleja algo que tomamos como algo valiosos o que tal vez no queremos ver:

Nuestro Señor Jesús fue tentado, realmente tentado. Y la tentación toma lugar con una frase por parte del Satanás acerca de la identidad de nuestro Señor Jesús como “el hijo de Dios”. Sabemos por medio de la Anunciación, que le dijeron a María que su hijo seria llamado “hijo del altísimo”; y las voces que venían del cielo en su bautismo lo llamaron “mi hijo amado”. Ahora, en esta primera lección de cuaresma, dos de las tentaciones comienzan exactamente con esos dos términos, “si eres el hijo de Dios…”

Las tentaciones son reales y pusieron a prueba la nuestro Señor Jesús, su identidad y sus expectaciones como “el hijo de Dios”. Ya que nuestro Señor Jesús ignoro las tentaciones, y fortaleció todo lo que Él hizo para dar testimonio y esperanza todos aquellos que sufrían, nosotros recibimos la gracia desde sus actos de misericordia y reconciliarnos con Dios.

Y ¿acaso no hay momentos en nuestras vidas en que nosotros mismos nos encontramos en el desierto con todas las tentaciones de dar la espalda y huir, o tomar el camino más corto, o inclusive tener momentos de confusión y de duda? Las atentaciones de Nuestro Señor nos dicen que no estamos solos o perdidos en ese lugar de reto sino que en esos momentos somos sostenidos por nuestro Señor Jesús, abrazados con su misma experiencia en el desierto.

También aprendemos por medio del regalo de nuestro Señor Jesús, que somos los hijos amados de Dios que siempre está ahí para nosotros. Todos nosotros necesitamos que se nos recuerde que somos hijos de Dios y que nuestras vidas son sagradas y que somos complacidos por Dios nuestro Señor. ¿Cuántas personas creen en eso? Después de todo, esto no es una de las principales lecciones de cuaresma—nuestro Señor Jesús vino por nosotros—sufrió por nosotros—murió por nosotros—porque Dios nuestro Señor sabe que somos dignos que nos mandara a su hijo.

Durante la cuaresma, se nos recuerda que nuestras vidas, nuestras acciones proclaman el Evangelio más que nuestras palabras, y que cualquier cosa buena por simple que parezca se llena con abundante gracia de Dios y se hará grande después sin que tengamos la habilidad de verlo en ese preciso momento. El superar las tentaciones al pecado, las tentaciones de juzgar a los demás, saber sobre llevar las palabras de odio, vencer la tentación del racismo, todas esas cosas que hacemos, son resistencias abiertas a Satanás. Tal resistencia esta también en como ofrecemos esperanza a los demás por medio de la forma en que vivamos nuestra vida en nombre de nuestro Señor Jesucristo; practicamos—vivimos—lo que predicamos.

Hay señales de la Gracia de Dios cuando vivimos en Cristo. Y estamos rodeados de todas estas gracias en las vidas que hemos tocado y ayudado por nuestro testimonio, inclusive en personas que hemos olvidado por algún motivo, pero que las tenemos en nuestras oraciones. Y estamos rodeados por nuestros seres queridos, que se han ido antes de nosotros, y que tienen sus experiencias del desierto aquí en la tierra. Y siguen entre nosotros como los ángeles, sosteniéndonos, y orando con nosotros en compañía de nuestro Señor Jesucristo y los santos de los cielos.

La cuaresma es una temporada de recordar nuestras conexiones para con el Señor cuando nos relata quien es Él, lo que ha hecho por nosotros, y esperanzados con el increíble impacto que Él ha hecho en nuestras vidas para que podamos continuar haciendo la diferencia en el mundo—individualmente y colectivamente.

La cuaresma es una temporada de agradecer a nuestro Señor Jesús por ser como es y para que nuestro deseo de seguir sus pasos crezca. Como en la jornada del armenio en el libro del Deuteronomio, de este primer domingo de Cuaresma. Quien eventualmente encontró el caminoverdadero, y a quienes escuchamos dar las gracias diciendo: “entonces ahora traigo lo primero de la fruta del suelo que tu Oh Señor, me diste.”

La cuaresma es una temporada donde se nos da otra oportunidad para ofrecerme nosotros mismo (los primeros frutos de amor) para el servicio y ministerio de otros, tomando los dones que se nos han dado por el Señor y ofreciéndolos por el bien de los demás.

Como nos dice San Pablo en su carta a los Romanos:La Escritura afirma: Muy a tu alcance, en tu boca y en tu corazón, se encuentra la salvación, esto es, el asunto de la fe que predicamos”. Y hacemos esto con nuestras vidas, nuestro amor, y nuestro testimonio.

Viva con hechos esta temporada, Fr .Gordon

 



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