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Discipleship Reading
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¿Quién le esta susurrando al oído?

(01-31-2010)

 


quejarse. Dijeron que desde el Vaticano II el pecado y Satanás han desparecido del pulpito; “queremos escuchar que se hable del fuego y la condena para todos aquellas personas que hacen el mal. Pero ahora la iglesia no habla más que amor, y amar a los demás.”

Entonces me pregunte que porque era esto, y me respondí—con los años que escuchamos del fuego y la condena, o sea Satanás, el mundo comenzó a ser un lugar de maldad, ¿qué bueno ha producido esto? Inclusive aun y con todas las amenazas de fuego, infierno y condena, hemos tenido los crímenes mas horrendos y violentos, como el holocausto, y los crímenes más sangrientos por más de un siglo. ¿Qué resultado han tenido las amenazas de la condenación eterna? Es por eso que es necesario hablar más del amor de Dios, el regalo del perdón, la reconciliación, y el significado de nuestro Señor Jesús en nuestras vidas. ¿Acaso no sabemos que la necesidad numero uno de las personas es la de proclamar que necesita ser amado y sentirse amado?

El amor: San Pablo describe la belleza del amor en su primer carta a los Corintios—se ha convertido como el de un matrimonio. Sin embargo, ¿cuántos de nosotros estamos viviendo el tipo de amor que San Pablo define? Como nos lo dice nuestro Señor Jesús en repetidas ocasiones, ¡amar es divino! Es como estar cerca de Dios; el amor es la naturaleza de Dios. Es su rostro, es sentir la presencia de Dios que está en cada uno de nosotros. El amor es el dar la vida—es el sustento de la vida. ¡Acaso nosotros no reflejamos este amor lo suficiente! Deberíamos de examinar nuestro interior a cada día para ver que tanto o que tan poco hemos amado. Que tan bien hemos demostramos el rostro del amor de Dios, que les recordamos a aquellos a nuestro alrededor cual es el rostro de Dios, en caso que ya se les haya olvidado.

“El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no es presumido ni se envanece; no es grosero ni egoísta; no se irrita ni guarda rencor; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad.“ San Pablo nos dice en ssu premera casa a los Corintios.

¿Qué tan pacientes somos con los conductores que nos acosan? ¿Qué tan amables somos con los cajeros del supermercado, que cuando tenemos prisa, ellos se toman su tiempo para despacharnos? ¿Qué tan a menudo somos groseros o ignoramos a los extraños en necesidad, o un miembro de nuestra familia, o un parroquiano? ¿Hasta qué punto condenamos a aquellos que no siguen las formas Católicas de piedad?

Al no querer borrar las heridas, nos la podemos llevar hasta la tumba. ¿Cuántas personas se quedan estancadas en lo mismo solamente por no querer perdonar? ¿Cuántas personas tienen, hermanas, hermanos, padres de familia que no se hablan entre si y sin embargo, vienen a la mesa del Altar para recibir el amor de Dios en la Eucaristía cada semana sin reconciliarse con los demás? Yo sé que no siempre es fácil perdonar y amar. ¡No hay amor sin obras! Para amar como Dios, no tenemos que ser como los que se muerden los labios y llaman al Concilio Vaticano II que se sienten bien—sin tanta presión. Es muy difícil trabajar por el amor de nuestro Señor Jesús. Ya que el amor requiere de cuidados—cuidar a los demás para confrontar lo que está mal en nosotros o en las otras personas en nuestra vida, y que puede ser riesgoso.

Al escuchar el Evangelio de este fin de semana, escuchamos como nuestro Señor Jesús confronto la hipocresía de las personas que estaban en su contra. El trató de enseñarles la verdad del amor de Dios y que nosotros tenemos la voluntad de escucharlo o de ignorarlo. El juzgamiento de los demás para beneficio personal y la comodidad es una vida paralizada. Al aceptar la condenación como forma de vida puede llevarnos a un horrible dolor infligido.

En mis años de ministerio con personas en las cárceles, las prisiones, y con personas con SIDA, he descubierto que muchas de las dificultades de la vida son muchas veces el resultado del abuso de nuestras acciones que después se transfiere en un abuso individual y que resulta en un comportamiento adictivo. Una vez que a se inicia la adicción, esto con lleva la auto destrucción para aquellos que han volteado sus vidas a los demonios que los conllevan a tener odio personal, arranques internos, y una baja auto estima. Las personas tratan de adormilar este dolor destructivo con químicos, comidas, sexo, y tristemente con la adicción de abusar a los demás.

Al parecer Dios para muchos está encerrado, de una forma u otra, es un Dios remoto, uno que junto con Satanás, susurran al oído. Ellos se imaginan a un Dios que está modificando la tentaciones para poder crear conflicto, castigar, juzgar y que horriblemente nos condenemos al infierno ¡por todas las cosas malas que hemos hecho! Siempre digo ¡pobre de Dios! Hay muchas tristes imágenes de Dios—tal vez de un Dios que no pudiera amar—nuestro Dios que nos mando a nuestro Señor Jesús— ¡nuestro Dios que murió por nosotros! Sin embargo, les puedo decir que hay personas fuera de las cárceles, o que están socialmente estigmatizados o que tienen adicciones que aun mantienen esas mismas imágenes de Dios.

Ahora, no estoy negando que Satanás sigue obrando en el mundo. Sin embargo, tenemos a nuestro Señor Jesús y no hay nada que pueda separarnos del amor de Cristo, excepto cuando elegimos hacer el bien o el mal para abrirnos al mal y sus obras en nuestro mundo.

La imagen de Dios que estoy tratando de darles a conocer viene como parte de nuestra primera lectura de este fin de semana. Escuchamos hablar de Dios de una forma muy amorosa a el profeta Jeremías: “Desde antes de formarte en el seno materno, te conozco; desde antes de que nacieras, te consagré como profeta para las naciones.” (¡una gran frase para santiguar la vida desde su

concepción!)

Dios habla con gran amor a Jeremías, y a cada uno de nosotros. En nuestro bautismo, unge nuestra cabeza con el aceite de Crisma cuando el Diacono o el Sacerdote dice: te unjo como Cristo, fue ungido como sacerdote, profeta y rey. Un profeta es alguien que habla por alguien más. Estamos llamados a hablar por Dios, y acerca de Dios. Es por medio de la forma en que vivimos con los demás que demostramos quien es Dios cuando ofrecemos un sentido de esperanza con amor—esto es el amor que Dios esta susurrando en nuestro oído—y no Satanás.

 

Escuche la voz de Dios que nos  tienta a amar mejor, Fr. Gordon

 



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