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Discipleship Reading
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Hacer el Bien---evitar el mal

(11-15-2009)

 


         La guerra de Satanás en contra del San Miguel Arcángel en las profecías del final de los tiempos es parte de nuestras lecturas de este domingo. En el Apocalipsis, o Armagedón, el fin del mundo, se dice que es parte de nuestra historia ----una preocupación/temor natural que se crea en nuestra alma. Las lecturas del profeta Daniel y en mensaje del Evangelio de Marcos de este domingo, puede causar un poco de alteración y aumentar nuestro temor.

         Un recuento de nuestras lecturas, estilos de escrituras; cuando ocurren los desastres, el escritor del apocalipsis da algunos avisos---pero también ofrece esperanza por medio de la fe en Dios. Tal esperanza se necesita cuando las personas enfrentan un gran sufrimiento y es una forma de buscar a Dios en todo este sufrimiento. En otras ocasiones, tales personas, tal esperanza expresada por los profetas puede ser revertida ofreciendo una explicación de la causa del desastre y sufrimiento y buscar una explicación de cómo la inmensa misericordia de Dios nos salva—nos lleva por las pruebas. Por ejemplo, el escritor puede reflejar ese desastre como algo dirigido nada más para los que hacen la maldad, y pasamos por eso porque Dios está con nosotros y nuestra inmensa fe en Él. Y Dios provee hasta el final—con la venida del día del juicio y condenación en contra de los que hacen el mal---nuestros enemigos.

La causa y el efecto y los resultados cósmicos son parte de las dos lecturas del día de hoy en un estilo de escritura llamado apocalíptico---profesando el fin del mundo.

El libro de Daniel fue escrito con la intensión de hacer fuerte la fe de los Judíos en el siglo segundo antes de Cristo y los alentó a estar firmes en la fe con las enseñanzas de sus ancestros, y no convertirse a “las modernidades” fisiológicas y los estilos de vida en sus tiempos. El autor del libro vivió en el tiempo en que los Griegos gobernaban el pueblo de Israel. Los Griegos vieron la unificación de sus conquistados en varias naciones al establecer su propia cultura, su religión, y su sistema político. Se hizo criminal para los Judíos el practicar su religión. Algunas personas fueron asesinadas por su religión. Así que el Autor Daniel en los selecciones de hoy sirven para ofrecer esperanza para el futuro, las justicia de Dios triunfara, e inclusive aquellos saldrán de la muerte y resucitaran en la nueva vida.

Marcos también nos ofrece esperanza en nuestro Evangelio de hoy, sin tanto ton ni son. La comunidad cristiana formada en los tiempos anteriores sufrían de persecución y sufrían grandemente por sus creencias en Cristo Jesús. Muy a menudo estos creyentes sufrían de severa persecución de ambas comunidades Judías y de los Romanos quienes controlaban “el mundo” en aquellos tiempos. Los Judíos-Cristianos trataban de entender que era lo que significaba cuando los Romanos destruyeron el Templo de Jerusalén, y después de destruir la mayoría de la Ciudad de Jerusalén.

Poco después de la destrucción, como los Cristianos crecieron en números, incluyendo a los gentiles que se convirtieron, y aun así Roma intento destrozar todos los Cristianos por todo el Imperio. Esto abarcó más de 250 años de persecución—miles fueron martirizados por su fe en Cristo. Los primeros Cristianos creyeron que esa horrible persecución, muerte, y destrucción se les tendría dar cuentas en la segunda venida de Cristo---la cual “puede pasar cualquier día”. Él tiene que regresar y dar su juicio en contra del mundo y los malos que tratan de destruir a los fieles.

Al igual que en los primeros Cristianos en los tiempos de Marcos, también vemos muerte y destrucción a nuestro alrededor, inclusive en los desastres naturales como un reciente tsunami, huracanes o terremotos. Algunos dicen que esos horribles desastres junto con la violencia humana, la destrucción de los inocentes, con la lista interminable de los inocentes que sufren, son los signos del apocalipsis.

Sin embargo, si vemos la historia de tales desastres naturales y los actos criminales de genocidio han estado pasando por siglos---por mencionar algunos, los Yihad, Las Guerras Santas o Cruzadas, asesinando en el nombre de Dios. Nunca será fácil de explicar el porqué los humanos hacemos cosas tan terribles con nuestros semejantes y nuestro medio ambiente en nuestro planeta.

Y una pregunta que nos hacemos hoy probablemente sea la misma que se hicieron los primeros perseguidos/mártires hermanos y hermanas Judíos, y nuestros Mártires Cristianos hermanos y hermanas, ¿Donde está Dios en todo este sufrir? La respuesta simple es resuena por los siglos: Dios en nosotros y con nosotros.

Ya que Dios en Jesús se convirtió en parte humano en la historia, incluyendo el sufrimiento y muerte para poder probar que hay una grande esperanza en nuestra naturaleza humana, no simplemente la presencia de Santanas quien lleva la batuta de los que hacen el mal.

Sabemos cómo vivir y amar mejor por medio de la historia de la salvación y esperanza en Jesucristo. El nos hace mejores personas y nos ayuda a hacer de este mundo un lugar mejor y escoger mejor nuestra forma de vida y como tratamos a los demás. Ningún mal puede sobre pasar el amor de Cristo en nosotros. Ni Satanás tiene el poder sin nuestra autorizacion ante el mal. Sin importar todo el mal que vemos, la esperanza sale a relucir como respuesta a la llamada de Dios hacia nosotros por el cuidado a los demás. Tal enfoque de esperanza lo escucharemos en nuestras lecturas en algunas semanas más.

Las lecturas del fin de los tiempos de este domingo vienen junto con otro fin de año litúrgico en nuestras vías, dos semanas antes de Adviento, antes de comenzar otro año litúrgico. Es tiempo de hacer un inventario de cómo vivir nuestra fe del año pasado, y como esperamos vivir nuestra fe y esperanza aquí y ahora en nuestra familia, escuela, trabajo, Iglesia o nuestra comunidad. Podemos seguir creciendo como un signo de esperanza, al ver hacia el futuro hacia un año nuevo en la Esperanza del Señor, un Año Nuevo de gracia en obras en nuestras vidas. La gracia comienza aquí y ahora, no en un futuro.

Benditas bondades, Fr. Gordon.

 



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