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Discipleship Reading
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Un Rey sin guerras, ni violencia…

(11-22-2009)

 


Como ya todos sabemos, este fin de semana es la semana de Acción de Gracias-una expresión de gratitud por nuestras bendiciones y un llamado a compartir nuestras bendiciones con los demás para así poder reflejar lo que nos pide nuestro Señor Jesucristo. Este es un tiempo especial para muchos---familias y amigos, una de los tiempos más ocupados del año para viajar----esperando el año que está por venir (sin mencionar la palabra casi).

Este fin de semana la celebración, dentro de la Iglesia, es la solemnidad de nuestro Señor, Cristo Rey. Este no es un titulo puesto por nuestro Señor, sino que es uno en el cual viene de la reverencia, la esperanza y en honor. La celebración fue creada por el Papa Pio XI en el año 1925; en aquel tiempo, Mussolini era mandatario de Italia con tres años de Violencia y Muerte en su historial; Hitler tenía una año de haber salido libre de prisión---su partido Nazi estaba creciendo en fuerza y violencia y el mundo entero estaba sufriendo de una recesión. El Secularismo y el Ateísmo eran muy populares. El Papa Pio XI dio justo al Blanco en contra de todos los Dictadores y puso al descubierto todos los falsos valores, y puso en claro que Cristo seguía siendo el Rey del Universo.

Todavía necesitamos fe en el reino de Cristo en nuestras vidas. Los Dioses de hoy son ídolos y celebridades, héroes deportivos, dioses musicales, programas de televisión con héroes y heroínas, junto con el secularismo, consumismo y ateísmo que nos rodea llenos de falsas y vacías promesas. En este siglo 20 lleno de guerras, muerte, destrucción, el sufrimiento de los inocentes, ¿acaso hemos aprendido algo en toda esta primera década del siglo 21? Usamos la fuerza y la violencia como un sentido artificial de seguridad personal, y destruimos en el nombre de la democracia a cuando usamos agendas como del combustible, y/o dominio y control. La ruta del sufrimiento humano se continúa amontonando en este siglo al mismo tiempo que proclamamos crear paz por medio del poder.

Pero nuestro Señor Jesús sabía que clase de paz nunca termina. Si hay paz, habrá futuro, es ahí donde está la es la verdadera presencia de Cristo en nuestras vidas, solo sucederá si nos apegamos a las enseñanzas, la misión, y la vida de nuestro Señor Jesús como un motivador de nuestras vidas diarias en el trato con los demás. Cada uno de nosotros tiene el verdadero poder para vivir diariamente en imitándolo a Él---y hacer lo mismo en el Día de Acción de Gracias.

En mi habitación, en la rectoría, tengo un espacio con un Altar en donde rezo, varias fotos que he recibido de los parroquianos, familias y amigos de los cuales me pidieron una oración, imágenes de algunos santos, es un Altar portable con una reliquia en el de San Juan Bautista---también es donde tengo el Santísimo Sacramento en mi habitación. Ahí es donde comienzo y termino mis días inclusive cuando estoy de vacaciones esto toma un lugar especial conmigo junto con mis artículos para celebrar misa y mis libros de oración.

Este es un espacio en donde llego con Dios y le ofrecezco todo lo que soy—me libero de cualquier pretensiones o inseguridades, poder, control, o ego, --con una profunda apertura el cambio. Así es que creo que Dios me llama a una intimidad sagrada en la verdad y me limpio, y me pongo al corriente---directo—esperando reírme de mi mismo cuando estoy en su presencia—real—vacio—pero lleno de esperanza. Es en tal redención que la paz llega. Esto es lo que nuestro Señor Jesús me pide—y a usted también. Nos pide que seamos sinceros y reales, tener una conexión de verdad abiertos a recibir su amor.

Esta vulnerabilidad es contraria a lo que se nos ha enseñado---especialmente a nosotros los Americanos---especialmente a los hombres. Queremos llevar el control, el dominio absoluto con líneas definidas en nuestras acciones. Aun así, como creyentes sabemos que estas, nuestras acciones definidas y absolutas raramente existen en la fe—aceptamos creer en muchas cosas en el nombre de la fe. Debemos tomar el riesgo y confiar en Dios nuestro Señor. Ponernos en sus manos. Yo sé que es un poco difícil hacerlo, especialmente en momentos de miedo y sufrimiento, de perdida, de soledad, de exilio—y aun mas difícil, en los tiempos que nos sentimos muy inseguros.

 Tal entrega en el nombre de la fe es difícil cuando estamos muy apegados a las imágenes de poder, superioridad, ídolos, celebridades, y fama. Así es que, en su lugar, se nos ha dado una cruz como trono de Dios—El que vino a sufrir y a morir. Esa es la esperanza real---esa es la belleza de quienes somos en el Reino de Jesús---contrario a los reinos hechos por el hombre; un reino de vulnerabilidad, aceptación, amor incondicional, misericordia y perdón----entrega---a las bondades humanas.

Y cuando dejamos que Su Reino gobierne nuestras falsas realidades—entonces habrá paz, esperanza, confianza, y así es que podremos ser reales y conocer el inmenso amor que Dios nuestro Señor tiene para nosotros. Es ese amor que no sabe de diferencias entre personas ordenadas o laicas---ya que yo no soy diferente a ninguno de ustedes, con respecto a mi fragilidad humana ante Dios. Cada uno de nosotros estamos abiertos al conocimiento de que somos elegidos por Dios---nos eligió íntimamente. Aun así, la paradoja es que no será hasta que decidamos ponernos en las manos de nuestro Señor Jesús, es que nos daremos cuenta de que nos ha elegido.

Tales avisos comienzan en cada año litúrgico en el Señor. Estamos a una semana de otra temporada de Adviento---una temporada más de preparación para un nuevo nacimiento. Prepárese en esta semana, tómese un tiempo y ofrézcale todo lo que es usted---con sus defectos---sus errores y sus debilidades---hable con Él sin tapujos---ore y platíquele de usted, así como es usted---después siéntese en silencio y llénese de su amor---se sentirá lleno de energía---encontrará paz---vera que lo encontrará.

Quitémonos las mascaras y nuestra sin pretensiones busquemos a nuestro Señor con todo nuestro corazón, para llenarnos de su Amor y así eliminar la violencia entre familias, traer paz a los demás, y tener confianza en su verdad. Acción de Gracias, Discipulado, todo es lo mismo, entregarse al amor tan grande de Dios para así ser mejores personas con los demás en su nombre.

Regocíjese y de gracias a Dios, Fr. Gordon.

 



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