¿Puede usted tomar de su Cáliz?
(10-18-2009)
Nuestras lecturas de este domingo ciertamente se enfatizan en el tema del servicio; no para la gloria de uno mismo, sino como símbolo de humildad y con un recordatorio de Quién es el que está en control. Como sacerdote, hago muchos actos de humildad con los recordatorios de Quien es quién esta en control. Una de mis primeras lecciones ocurrió la primera vez que celebre Misa en una casa de convalecientes en Los Ángeles. Uno de los ancianos arribó al cuarto de la comunidad en una silla de ruedas y lo colocaron en la fila de enfrente para poder llevarlo hacia el altar. Algunas de las personas estuvieron asombradas y alertas y algunos más estuvieron cerca de un estado de coma. Al tiempo de la homilía, comencé a hablar del Evangelio y profundizar en la palabra y una mujer empezó a dormirse casi en toda la Misa y de repente cabeceó a la persona que estaba a su lado y despertó gritando con voz alta “¡que es esto….que canal es este!”
Servicio y humildad, es lo que nuestro Señor Jesús les pide a sus discípulos el día de hoy. No busques la Gloria para que se te recompense por ello si quieres seguirme. Sin embargo, como discípulos, podemos proclamar el nombre de Jesús; queremos ser cristianos (pero solo con un titulo), y queremos que se nos recompense----esperando algo a cambio. Eso es lo que Santiago y Juan querían, y eso es lo que muchos de nosotros queremos. Como los dos discípulos podemos encontrarnos nosotros mismos comprendiendo y pidiendo un pedazo de Jesús---su reconocimiento y su recompensa por el buen servicio.
Pueden decirle a nuestro Señor Jesús que ellos están disponibles, pero cuando vino el tiempo de enfrentar la crucifixión en Jerusalén, todos menos uno lo abandonaron. Ellos corrieron como probablemente lo hubiésemos hecho nosotros.
Lo que significa el ser discípulo es la cosa más difícil de las enseñanzas de Jesús para que nos acepte. Pero, en lugar de continuar con la confusión de los discípulos, nuestro Señor Jesús nunca se dio por vencido con ellos o nosotros. Su respuesta a Santiago y Juan es la compasión. Él gentilmente re-interpreta la llamada al discipulado y los envía. Ellos alcanzan esto no por medios humanos sino por medio de la entrega a la voluntad del amor Dios. El cual ciertamente es un camino totalmente diferente al camino humano.Hay un precio al querer ser discípulo; se requiere humildad en el servicio a los demás más allá de nuestras comodidades.
En nuestro evangelio, nuestro Señor Jesús nos pregunta; ¿puedes ser bautizado en mi bautizo? Él no se refiere al bautismo hecho por su primo Juan en el Jordán; es el bautismo de la crucifixión y la muerte para la salvación de la raza humana. Sus preguntas de tomar de su copa y entrar en su bautismo son las respuestas para Santiago y Juan----su gloria tiene que envolver un compartimiento en la copa de Jesús de ser fuertes en las pruebas, las tentaciones, y en el servicio sufriendo para la salvación de los demás.
Es lo mismo para todos los que viven el Cristo; voy a mencionar algo que escuche hace algún tiempo: no podemos lograr la gloria del mañana sino sufrimos en el presente aquí y ahora. Y --- ¿cuántas veces la vida nos enseña eso?
Nuestro Señor Jesús nos dice que el servicio a lo demás---aun en nuestro propio sufrimiento no tiene una recompensa persona. Un ejemplo reciente sucedió después de celebrar la Misa en una sección de cuidado intensivo en el asilo Meadows. Fui hacia el atrio residencial respondiendo a la llamada de una mujer que me llamo desde Texas porque ella estaba muy preocupada de que su amigo de más de 70 años no había recibido la unción de los enfermos desde hacía mucho tiempo. El tiene 95 años pero es un hombre lleno de vida, alegría y fe. Jugando el hablaba de los precavidos que eran sus vecinos acerca del peligro de hacerse viejo en Meadows.
“Ni piensen tomarse una siesta en una área publica, porque sino después vas a tener una sábana blanca encima de ti y le mandaran n llamar a la funeraria.”
Cuando él comenzó a hablar más seriamente y comenzó a llorar cuando comenzó a hablar de lo que él podía hacer antes, lo que él hizo “para ayudar a nuestro Señor Jesús” cada día que él se levanta con un dolor más intenso que el día anterior, el nos ofrece su día de dolor a Dios para hacer menos el sufrimiento de su prójimo. Cuando él tiene un buen día, el se dirige hacia la enfermería, visita a las persona que están allí y les canta---estos son simples actos de amor de Cristo y compasión en el servicio a los demás.
Hay un sinfín de maneras en las que podemos ofrecer el servicio en Cristo que no tenemos que ser heroicos---como el servicio de mantener la boca cerrada. Y no simplemente criticar a las personas. En una ocasión que estaba esperando la luz verde en el semáforo, mis ventanillas estaban abajo, cuando cambio la luz del semáforo escuché una voz muy altanera que me dijo: “¿acaso quieres matarme?” no puedo repetir las palabras que dijo al pasar a un lado de mí y hacerme un gesto con su mano. La Madre Teresa una vez le preguntaron que como media el éxito de sus obras. Hizo pausa por un momento y después dijo “no recuerdo que nuestro Señor haya hablado de éxito. Él hablo solamente de amor y fe.”
Bendita humildad, Fr. Gordon.
Back to Discipleship Readings
|