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Discipleship Reading
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¿Qué tan rico es usted? ¡Mejor preocúpese de pasar por en medio del ojo de una aguja!

(10-11-2009)

 


En octubre con el enfoque del Respeto a la Vida, la Iglesia se da cuenta de que todos nosotros necesitamos un recordatorio de los problemas que amenazan la vida, de los que son muy politizados y junto con los nuevos desarrollos científicos que atentan en contra de los juicios morales de la vida y que fácilmente nublan las perspectivas de los Cristianos. Necesitamos un continua educación en la luz de las enseñanzas de la Iglesia; en las áreas de experimentos con células madres y la alteración genérica para así informar a nuestra conciencia y alzar la voz por nuestra fe en contra de los problemas del aborto, la pena de muerte, la Eutanasia---el suicidio asistido---y los problemas que retan a nuestra moral y nuestra sociedad donde muchas vidas son desechadas fácilmente.

Hay muchos otros aspectos que retan nuestras vidas y que pueden ser inmorales y que causan la muerte, como el abuso a los ancianos, la indiferencia en contra de los inmigrantes, no ayudar a las personas que sufren en la pobreza y que tiene poco cuidado médico y alimentos, en esta, la nación más rica del mundo.

Muy a menudo pensamos que al hacer el bien por los demás, en lugares y a personas más cercanas, se convierte en algo que nos hace sentirnos a gusto. En ocasiones, nos podemos desconectar de nuestra propia humanidad ya que nos envolvemos a lo que llamamos buenas obras. Las buenas obras se convierten en cosas, y no en las personas que están en necesidad.

Pero nuestro Señor Jesús nos dice que hagamos lo contrario. Servir a los demás nos da una oportunidad de vivir la fe que proclamamos. Nuestros “hermanos y hermanas”, Nuestro Señor Jesús nos dice, “Tú no puedes hacer nada importante por las personas en necesidad tanto como ellos pueden hacer por ti” ya que ellos no son cosas u objetos de piedad solamente, sino que son hermanas y hermanos en la familia de nuestro Señor ---ellos son familiares que nos pueden hacernos sentir incómodos. ¿Por qué? Primordialmente porque no queremos que se nos recuerde de que vivimos muy a gusto en comparación con la mayoría de las persona en el mundo. Tal vez podríamos decir; ¡Por favor Señor Jesús, no me hagas sentirme culpable! ¿Qué es lo que te causa esa culpabilidad?

Cuando nuestro Señor Jesucristo hablo de que es más difícil que un rico entre al cielo que a un camello entrar por el ojo de una aguja y luego dijo “todas las cosas son posibles para Dios”; esa historia tiene un poco de doble sentido. Lo que está haciendo Nuestro Señor Jesús no es más que decirnos una metáfora acerca de cómo vivir nuestras vidas. Las palabras de Jesús son una invitación para darnos cuenta de algunas cosas. La primordial es reconocer que tan ricos somos hablando de cosas materiales.

Anurahdi Vittachi [earth Conference One: Sharing a Vision for Our Planet, 1989] nos pide que nos imaginemos el mundo como si fuera una pueblito de cien familias. Ella escribió lo siguiente:

“Si este pueblo metafóricamente hablando consistiera de 100 familias, 65 de ellas no podrían leer, alrededor de 80 familias no han volado en avión y setenta no han tomado agua en casa. Cerca de sesenta familias ocuparían el diez por ciento del pueblo ya que el sesenta por ciento seria dueño del terreno. Y solo una familia tendría educación universitaria”.

¿Y ahora, que tan ricos somos?

La segunda invitación de nuestro Señor Jesús es que veamos lo que queremos y no lo que necesitamos. Creo que es bueno decir que en ocasiones tenemos todo lo que queremos tener---lo mejor de lo mejor, lo más rápido, lo último de la moda, lo más importante, lo más caro de lo que sea. Sin embargo, aun hay personas que aun no se conforman y quieren tener más que su vecino. Nuestro Señor Jesús nos advierte del peligro. Pero Él está haciendo algo mas que es más radical—nos pide que examinemos nuestra forma de ver a las personas en necesidad y ver como lo hacemos, para ver si eso refleja nuestra verdadera moralidad y nuestras bondades. Ya que nuestro Señor sabe porque muchos se mantienen viviendo en necesidad a su vez que otros continúan consumiéndose en sus deseos.

Y si realmente nos empeñamos en nuestra fe, en nuestro sufrimiento diario veríamos a los demás como nuestro Señor los ve; no como problemas, fastidios, dificultades, o simples estadísticas, sino como hijos en la familia de Dios. Valorarlos como nuestras hermanas y nuestros hermanos, hacer más por ellos “hacer algo por el reino aquí en la tierra y no preocuparse a donde ira cuando se muera”.

El ser rico o gozar de bien estar no es un pecado---la diferencia es como gastamos y vivimos nuestras riquezas.

Cuando lleguemos al cielo, podemos estar seguros que nuestra entrada no se basará en las posesiones que hayamos tenido sino como las hayamos usamos.

 

Bendiciones, Fr. Gordon

 



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